lunes, 21 de febrero de 2011

Kike Turmix

Ayer de madrugada murió Kike Turmix. Yo conocí a Kike a base de insultos. Él decía que Led Zeppelin sólo daban para un recopilatorio, yo contestaba que le faltaba un hervor, él me decía que los árboles no me dejaban ver el bosque. Se podría decir que era mi enemigo musical, pero un día, el día menos pensado, me llamó para irnos de marcha con un grupo sueco de infausto recuerdo, Backyard Babies, que tocaba en el Festimad. Yo ante todo soy más majo que la chorra, y esa tendida de mano la acepté sin duda alguna. Tras las presentaciones, Kike me llevó a una esquina del mesón malasañero donde estábamos y me dijo: escucha, de la discusión entre Beatles, Stones y Byrds ¿qué elijo yo? pues a los tres, chico, y ahora vamos a pillarmos un castañazo del copón. Y dicho y hecho, porque hay dios que nos lo pillamos.

A mi nunca me gustaron los Pleasure Fuckers. Ni mientras ni después ni ahora. Sin embargo, un día Kike me puso en su casa un proyecto de grupo que tenía que no había fructificado: Los Ramalamas. Me pareció espectacular. Al poco tiempo me presentó al guitarra de ese grupo, José Carlos Sisto. Ayer enterré a Kike en compañía personal de Sisto. José Carlos ha sido para mí una fuente de sabiduría, anécdotas y bilis hacia la cerrazón musical -aparte de un amigo de los que te lo demuestran en lo material y en lo espiritual- y todo ello partió de Kike. El día que Kike me escuchó hablar de grupos peruanos como Laghonia, sentenció riendo: ¡Tú ya te has hecho amigo del Sisto!

Sería difícil enumerar toda la gente que me presentó Kike. Entre los importantes, señalaría a mi alma gemela Marcos, peón de España y recio militar; entre los trascendentes, Mermaid, al grito de: ¡Álvaro, estos son tan fiesteros como tú! -en el Serie B de Calahorra, año no sé cuántos. Ahí me acerqué al talento de Chechu e Íñigo, sin quemarme, y abracé a un tío tan cariñoso y genuino como Leroy. Aquél mismo día caminaba por la noche con unos sujetos. Uno decía que a Turmix le echaríamos de menos cuando muriera, era Jaime Gonzalo, que le enterraba antes de que le diera incluso el primer infarto (más sabe el diablo por viejo...) otro era Gegundez, redactor rutero, que elogiaba a Marga, la mujer de Kike, y a su fanzine, el de su sello Safety Pin, recordando cierto artículo en el que Marga, con buena pluma, narraba como uno de los Black Halos había hecho un amago de cunninlingus a una moza en mitad de un bar. Esa moza era mi ex, y lo le dije a Gegun: se trataba, ni más ni menos, que de mi novia. El mundo es un pañuelo -contestó riendo. Marga y Kike, dentro o fuera del juego, siempre estaban presentes.

Indagas en tu amigo y puede salir mucha mierda. Si yo ahora relatase todos los pufos, desencuentros y movidas que ha tenido Kike con decenas de personas, blogger necesitaría el procesador computerizado de la NASA para poder sostener tamaño texto. Pero no es mi intención ni mucho menos, aunque tampoco obviaré describirle tal cual era. Kike era un niño, un puto niño de cien kilos y cuarenta años de edad. Una vez Kike me lió para irme con él de gira con los Black Halos. Acepté, me enciegué vivo con él y a las nueve de la mañana del sábado, justo antes de salir para Cádiz, me dijo que no se iba, que le había surgido no sé qué tontería. Le pedías explicaciones y le daba igual. Te ignoraba. Hace pocos meses me pidió que le pagará no sé qué de ebay por paypal. Lo hice, me costó no sé cuánto, me lo dio y luego resultó que era mucho más. Ante este tipo de púas mucha gente reaccionaba retirándole el saludo de por vida. Yo, digamos, se lo quitaba por un mes. A mi siempre me llegaba cuando entraba en un bar y, cogiéndome del antebrazo, hubiera pasado lo que hubiera pasado un mes antes, me contaba la última de no sé quién descojonándose. Yo no podía alimentar el rencor ante tamaña lozanía sonriente, y con mis más y mis menos, mis dimes y diretes, siempre le aguanté con cariño entre fastidio y fastidio. No es mérito que yo lo hiciera de mes a mes. Lydia Rocket Girl y Antonio Manostijeras redondeaban este círculo vicioso diariamente. Yo un día les pregunté que por qué lo hacían, que Kike era guay pero a cierta distancia, ellos me contestaron que él era él, era así, si te gusta, bien, si no, cero patatero. A ellos les encantaba, y ellos fueron lo mejor que le pasó a Kike sus últimos días.

Porque Kike, después de su primer infarto lo pasó mal. Le llamaban para pinchar, sí, pero no le llamaban. No le llamaban. Después de toda su vida sólo le quedaba pasearse por Malasaña con sus discos dispuesto a que alguien escuchara sus sesiones con las correspondientes reverencias que exige el más mínimo respeto. Pero diversas púas que no vienen al caso le apartaron del tocadiscos. En esta última época a mi me recordaba a Juncal. El Juncal del rock. Purista, sabio y elegante, siempre tenía alguien que le llevara el equipaje mientras él daba tumbos por la calle, mientras le daban la espalda.

Yo trabajaba en el mundo del vino cuando le conocí. Y de ahí surgieron momentos muy especiales. Andy Shernoff, bajista y compositor de los Dictators, era sumiller en Nueva York. Kike le habló de mí y, juntos, recorrimos la Ribera del Duero, le presenté en los círculos más sibaritas de catadores vinícolas en Madrid. Para mi fue interesante. Aunque mi relación con Andy fue la misma que pueda haber entre una tortuga y un rinoceronte. Uno dice "mmmm" y el otro "gñññññ". Yo no me entero mucho del inglés y menos del slang de Nueva York de Andy. Kike cuando nos presentó, lo debía tener en mente. Le dijo: Andy, this is Álvaro, a thunderbird (¿o firebird?); yo contesté: hello, hello!!!; Andy se descojonaba; yo le pregunté al alguien que estaba al lado: ¿Qué coño es un thunderbird?; Un paleto -me señalaron. ¡Ah! vale, pues cojonudo.

Pero es que lo del vino no fue cualquier tontería. Un día descuidé una botella de Vega Sicilia Magnum de mi trabajo. Le dije a Kike que nos la íbamos a pipar los dos juntos. Él compró patés y quesos bastante majos y nos montamos una cena Marga, él y yo que no se la salta un gitano. Como colofón, Marga emigró, pero nos trajo antes de darse el piro otra botella de Absolut. Nos la bajamos mientras Kike me descubría los siguientes grupos: Rocky Ericsson, Radio Birdman, Blue Cheer, Brownsville Station y los Hollywood Joneses. De estos últimos, si no es por él, nunca hubiera sabido de ellos en la vida. El resto, los habría descubierto tarde o temprano por audiogalaxy, soulseek o metralleta. Pero Brownsville Station... quien te pasa Brownsville Station puede ser cualquier cosa menos un mal amigo. Salí a cuatro patas de su casa, me olvidé de todo lo hablado, pero no de lo escuchado, aún hoy son mis grupos de cabecera.

La semana pasada estuve con él en el Hospital. Como Espe y Alberto gestionan tan de puta madre la ciudad, estuvimos esperando una ambulancia para llevarle a casa a morir, a morir en su puta casa, más de cinco horas. Durante ese tiempo, Carlos Abraxas, Sisto, Marga y yo le paseamos en silla de ruedas de arriba a abajo del hospital unas cinco horas. Amarillo, muy amarillo, pero nunca gualda -era tan nacionalista vasco hasta para coger color- me contaba los planes que tenía para soportar el tratamiento y, por supuesto, para cuando se curara. Por esta razón, ayer, en el velatorio, no pude soportar verle en una caja de pino y me tuve que ir. Kike quería que su adiós fuese una fiesta. Y la gente allí congregada, más que menos, le correspondía. Yo no pude. Yo veía una caja llena de ilusiones y, sobre todo, de pasión. Porque si algo definía a Kike Turmix era la pasión.

Gente con esa pasión por lo que sea ya no nace. Kike se arruinó viviendo su "ahora". Nunca fue capaz de progresar como promotor porque era incapaz de desear verse trayendo a los Deep Purple. Irresponsable, desordenado y total y absolutamente genuino, yo no fui capaz de ver tamaño sujeto en un puto ataud. Hace unos meses, él se preocupó por cierta afición mía y yo me lo tomé mal, pensé que el muy cabrón no tenía nada mejor que hacer que enredar en mi intimidad. Juan Cacheda me explicó que no era una urraca, que era un colega preocupado. Kike no tenía muchos gestos con la gente, pero se ha ido a la tumba con ese ínfimo pero gran detalle para conmigo. No sé cómo llevará estar junto a Freddy Mercury. Fijo que con Johnny Thunders y Joey Ramone lo lleva bien. Especialmente sabiendo que en ese planeta en el que está, todavía no hay ningún guns and roses, sus bestias negras.

Gracias Kike por tu huella. Es lo que yo llamo una huella. Y tu memoria y tu mujer estarán a salvo gracias a unos cuantos que yo me sé, más dignos que la puta vida. Te vas y lo dejas todo atado, Kike. Me/nos queda en ésta, mi santa casa, el recuerdo de verte llorando tras ver a los Stooges: ¡Ya me puedo morir tranquilo!

1 comentario:

  1. BLUES DE KIKETURMIX

    Era un tipo gordo
    que vivia del sableo
    Vendia pegatinas
    y bebia en las letrinas
    En todo Madrid bien conocido,
    Un elefante de cacharreria,

    Kike turmix, menea la batidora
    Kike Turmix menea la batidora,
    Menea la batidora
    que te esta llegando la hora

    Era un gran tipo que de todo se reia
    En malasaña él siempre vivia
    Un Plesurefoker amante de la ria
    En todo el Planeta ya no cabia.

    Kike turmix, menea la batidora
    Kike Turmix menea la batidora,
    Menea la batidora
    que te esta llegando la hora (Bis)

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